Editorial

Junio

El anticipo invernal en el otoño que transcurre, no logra enfriar las llamaradas refulgentes que surgen en el terreno de la actual campaña política 2024.

Renuncias, rumores, deslealtades, traiciones, causas inventadas, hasta supuestos fiscales “cagones” es el perfil de los títulos que agitan las páginas de los medios uruguayos con una campaña de desprestigio a la política de turno como nunca antes se había visto.

Los hechos transcurren con un viso casi de gravedad institucional, ya que más allá de las transcripciones de chats y conversaciones prebendarías ponen en jaque al poder político con ribetes desopilantes.

Lo más grave es que hay un colador de filtraciones en el entorno del poder que investiga e imparten justicia. Ya está instalado y hace sospechar a la mitad más uno de un pueblo que desconfía hasta del cartero cuando toca timbre…

En publicaciones anteriores comentamos que esta campaña iba a ser feroz, y no nos equivocamos. Algo de eso se veía venir. Mientras el ciudadano común sigue levantando su mano para decir aquí estamos,  queremos que nos vean y escuchen; sin tener más éxito que el penado 14 según cuentan las aguafuertes de otras épocas.

Parece que la campaña política es de otros, de los que ostentan el poder a cualquier precio, olvidándose del ciudadano común que se levanta temprano para sacar su producción en el interior, con rutas y caminos intransitables, así como aquellos niños y jóvenes que con gran esfuerzo y con las narices frías, llegan a diario para estudiar y seguir haciendo patria.

No exageramos cuando decimos que en este final de mayo y comienzos de junio los hechos de público conocimiento “congelaron” la participación ciudadana, para ponernos como espectadores de un ring que huele a la vieja política de otros tiempos.

Ojala que en este tiempo que nos queda para elegir gobernantes, prime la cordura y  la sensatez con mejores ejemplos y pudor de aquellos que nos representaron y representarán con mejores y más nobles ejemplos y actitudes.

Bienvenido mes del invierno con narices frías y corazones ardientes, con escuelas y universidades bulliciosas de esperanzados retoños de niñez y juventud.

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